Trasplantar el tiempo

Nunca me voy a olvidar lo que aprendí un 21 de diciembre de 2010: “El tiempo no nos pasa a nosotros, nosotros traspasamos el tiempo”. Un pensamiento Náhuatl que quedó en el olvido.

La cultura Náhuatl llena de calendarios que no sirven para medir el tiempo, sino que sirvenpara marcar lo que el tiempo hace. El tiempo de “hacer” del propio tiempo y el tiempo de “descanso” del propio tiempo.

Y nosotros aquí midiendo el tiempo que nos pasa, el que se fue como si eso fuera necesario. Como si sirviese de algo.

Nuestra cultura occidental tan llena de “cultura” tan falta de estrellas.

Me acuerdo de esa caminata bajo el sol en una mañana fría en un invierno mexicano. Lejos del bullicio de las navidades, de las voces de las ardillas y los supermercados. El camino sinuoso, escarchado, los pájaros gritando desde las copas de los pinos invasores.

Hasta que no viví en México yo no conocía eso de comprar árboles para navidad y llevarlos a casa. En mi cabeza lo árboles nacían año tras año como por generación espontánea en una esquina de los livings de las casas más pudientes de todas las series norteamericanas.

En Buenos Aires lo más parecido que teníamos a eso era un árbol de plástico bastante grande -los árboles suelen ser chinos de plástico, mejor dicho, de plástico chino en la capital federal-  que se plantaba en el living de la casa de mis abuelos y donde debajo se colocaban descabezados Joseses y Marías, niños Dios sin extremidades, burros extraños y despintados.

La verdad nunca fui de prestar mucha atención a esos detalles. Para mí lo magnífico siempre fueron los adornos navideños que si se caían se destrozaban en mil pedazos; eso por alguna extraña razón me parecía extraordinario y encerraba todo el espíritu navideño como una pompa de jabón.

Cuando llegué a Amecameca, tierra de árboles de navidad, circulaban una cantidad inusitada de Pinos cortados sobre los techos de los coches. Al principio no entendí muy bien qué ocurría, pero después me acordé de las viejas series y de lo que separa lo que llamamos el Norte del Sur, las nieves de los veranos, el vitel toné de la pierna de pavo. Más tarde me enteré que la especie de Pino fue introducida en los bosques de Amecameca por un funcionario que con su gracia provocó el crecimiento de un comercio que hasta ese momento no existía en el lugar; a su vez hizo que muchas de las especies autóctonas se extinguieran.

Se podría decir que es la vida plasmada en una sucesión de hechos estúpidos pero significativos cuando se los mira desde la distancia.

Cambios. Nadie ni nada está exento de cambio.

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