Rock climbing

Mientras me doy descansos de edición, me encuentro con un programa de la radio argentina. El programa parece viejo pero es más o menos reciente aunque se realiza en la viejísima Radio Nacional Argentina. Los dos conductores forman parte fundamental de mi infancia y adolescencia, forman parte fundamental de lo que yo entiendo por radio argentina.

Creo yo que la radio marca situaciones que otros medios no han podido marcar jamás, tengo recuerdos sumamente claros unidos a la radio, con la televisión no me pasa lo mismo.

Recuerdo mis cassettes TDK, el de mi padre (mi viejo) colocado estratégicamente en la mesita de la radio pronto para grabar lo que sucediera; porque en ese tiempo la radio tenía su propia mesita.

El programa se llama “Mirá lo que te traje” y no tiene nada que ver con lo experimental, o quizás sí. En realidad es radio argentina, explica nuestro amor por la radio como el amor a un club de fútbol. Dos personas sentadas frente (en este caso Bobby Flores y Héctor Larrea) al micrófono jugando un juego limpio, cargado de energía, de pases lindos, de goles inesperados.

En este tipo de programas se siente la energía del público aunque no está presente, hay una vibra en esta cancha de silenciosa tribuna. Estamos todos del otro lado atentos a cualquier pase de palabra, a cada historia.

Es que la buena radio argentina es como un buen partido de fútbol (de los de antes), con un trago de por medio para sentarse a escuchar.

Pero yo no venía aquí a hablar de esto, venía a hablar de un recuerdo de mi adolescencia.

Tendría unos 14 años, cómo siempre a esa edad, estaba tirada escudriñando el techo. Al lado mío una grabadora negra con radio escupía música de un programa llamado “Algo con palmeras”. Era una radio rara, de esas que escuchan los conductores de taxis, no era la radio del momento, era más bien una de esas emisoras similares a una película mala porno, “Horizonte” se llamaba la radio y el logo era terrible. Pero existía este programa y uno clavaba el dial, lo esperaba, lo escuchaba.

A los 14 años mi conocimiento del mundillo del rock era precarista [persona que posee, retiene o disfruta en precario cosas ajenas.] es decir, la mayoría de los discos eran de otros y por lo tanto mi conocimiento dependía del conocimiento de mis congéneres o de los discos vinilos de mi padre.

Ese día Bobby Flores mencionó y pasó un disco de una banda de rock que yo creía conocer pero de la que nada sabía. Conocía sólo los “grandes hits” de épocas anteriores y para mí esos hits se resumían a dos putrefactas canciones una de ellas era “Crazy” y la otra “Craying” y como llorar nunca había sido lo mío… pero si Bobby los mencionaba había que parar la oreja.

Así fue como me tope con este disco emblemático del rock. Al otro día después de que Bobby lo pasara por radio lo seguí tarareando en mi cabeza. Era la época de Musimundo y el disco no era un hit del momento presisamente, era de 1978 y estábamos en 1996 y nadie sabía nada de ese disco en particular.

Por esa época mi pasión pasaba por la escalada en roca, estaba ilusionada con montar una pared de escalada en mi casa pero como las tomas era muy caras mi padre me había averiguado la formula y esa misma semana tenía que ir a comprar la resina, el yeso y la arenilla para poder comenzar mi experimento y recrear unas 150 tomas mientras mi padre armaba los paneles.

Era verano, la pared nunca se armó (aunque hice el intento y unas 20 tomas meses después), ese día me tomé al colectivo al revés y me bajé entre el límite de provincia y capital federal; el lugar más inhóspito en el que hasta ese momento había estado. Lo único que había era un Wallmart y un estacionamiento gigante y desolado como en las películas yankis. Bajé de colectivo, entré al Wallmart en busca de aire acondicionado y un baño; mientras caminaba al baño pasé una batea de CDs de descuento. Allí entre CDs de música clásica, Xuxa y música tropical vieja había un ejemplar de la historia del rock que me había enseñado Bobby a través de la radio.

“Este es un disco que todo el mundo debería tener” recordé que había dicho días atrás Bobby, así que pague 6 devaluadísimos pesos argentinos y me lo llevé a casa. Me llevé a casa una buena parte de la historia del rock.

Todavía lo tengo en vinilo (compré en su momento la versión inglesa) y el CD que compré ese día.

Los recuerdos que la radio deja, esas enseñanzas que son imborrables, tipos hablando de lo que saben y les gusta.

“Yo y diez amigos más tenemos mejores discos que Spotify” dijo en su momento Bobby y yo le creo.

 

 

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