Noche de Perros

27 de mayo de 2019 – Provincia de Buenos Aires, Argentina

Aquí las noches son livianas. El croar de los sapos y de las ranas, los murciélagos y algún que otro roedor nocturno.

Ayer la luna con su media sombra iluminaba todo el cielo, las estrellas resplandecían frente a la escarcha del pasto verde oscuro. Ni bien bajó el sol por completo en el horizonte un perro se animó a ladrar; se sumaron otros tantos perros que salieron sin más a las calles.

Pronto una jauría se instaló en una de las esquinas.

Caminaban en grupo de cuatro o cinco. Otro grupo más se instaló en la siguiente esquina. Al rato eran más de una treintena que caminaban por las calles del pueblo.
Tomaron las calles hasta las tres de la madrugada. Nadie se animó a acallarlos y mucho menos espantarlos.

Había algo en el aire; se escuchaban pájaros trinar fuerte, los gallos comenzaron a cacarear fuera de hora, se escuchaban rasguños en las cortezas de las árboles.

Asomé dos o tres veces la cabeza fuera de la carpa mientras el frío congelaba mi nariz, la linterna apuntaba a la nada misma de todo aquel ruidismo animal.

Saqué la grabadora fuera. Cerré los cierres de la carpa y me quedé dentro. Grabé 22 minutos ininterrumpidos de sonido.

En plena oscuridad imaginé a los más delgados vampiros en traje de Armani trepando por los árboles, destrozando gallinas, conejos y cerdos.

Drácula encendió el motor de una moto estacionada en la calle de tierra, enfrente del campito de fútbol, pistió un rato y arrancó. Eran las 2:30 de la madrugada.

En algún lugar un paisano no tuvo la mejor idea que acallar perros y vampiros tirando dos tiros al aire. Pasó Drácula, le arrancó la cabeza con la zurda y escupió los balines en la esquina siguiente.

Los perros se callaron un instante y el ambiente fue tomado por los sapos, las ranas y los grillos.

A las tres de la madruga todo se silenció de golpe, una nube tapó la luna por completo. Volvieron a cantar los gallos como de costumbre.

Hoy el pueblo se levantó tarde y se fue a dormir la siesta temprano. Nadie había pegado un ojo en esta noche de perros.

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