I’m a repairman

“Si es evitable no lo hagas, sólo hazlo si no es evitable. Sino es polución” Pedro Roth

Hoy en día hay una necesidad imperiosa de dar información. Es una sensación vertiginosa de tener que salir a decir algo, de aprovechar las redes. De salir a hacer obra. Pero en realidad no funciona así.

Coincido con el artista plástico Pedro Roth, hacer una obra es una necesidad, es un impulso, una energía que no se puede frenar.

Muchas veces me preguntan cómo es que pienso las obras. Las obras no se piensan, son un conjunto de circunstancias que convergen. Uno tiene las herramientas y si tiene la habilidad, adquirida por la perseverancia del trabajo diario, tiene la posibilidad de crear una pieza a partir de una idea.

Primero existe el impulso, despúes la idea.

Todos los seres humanos vivimos de esos impulsos. Estamos sujetos a necesidades muy particulares en las cuales reincidimos constantemente. Son impulsos a los que responde el cuerpo y la mente de una forma particular.

Conozco una persona que cocinando aclara sus ideas, cada vez que la veo cocinar me fijo en su rostro, casi siempre sonríe y frunce el ceño por momentos para pensar en los pasos antes de realizar cualquier movimiento. No es chef profesional, es algo que le sale. Un impulso.

Veo ese mismo gesto en otras personas, por ejemplo mi madre cuando mete las manos en la tierra y trasplanta plantas, lo he visto en mi padre al hacer planos y cortar madera, en mi abuelo cuando tallaba culatas de rifles. Lo he visto en zapateros, en maestras, en profesores, en una amiga que le gusta coser botones, en ingenieros, en amigos músicos, en fotógrafos, en escritores. La lista es inmensa, entra aquí cada oficio, cada trabajo, cada hobby.

Sin embargo somos poco conscientes de que vivimos de esos impulsos. Son adictivos y para algunos, por momentos, pueden convertirse en obsesiones que toman nuestra vida; como si no existiera nada más sobre la faz de la tierra.

Se pueden tener todas las herramientas a disposición, pero sin ese impulso nada surge.
El impulso también se cultiva. Debería ser algo que enseñemos en las escuelas, en las universidades, junto con la técnica.

Los domingos suelo dedicar un tiempo a leer artículos que me interesan y que voy guardando. Hoy me encontré con un artículo del diario AL-MONITOR el pulso del oriente medio; el artículo se titula: “El último reparador de gramófonos de Estambul mantiene los discos girando”

“Aquí, el último reparador de gramófonos en Estambul corrige los gramófonos rotos y encuentra la paz escuchando viejos discos, rodeado de gramófonos, herramientas y equipos, algunos de ellos oxidados. 

 :-En mi vida, mi esposa es lo primero. Mis gramófonos vienen en segundo lugar. Mis hijos vienen en tercer lugar. Oztekin explica que el gramófono tiene un lenguaje único que él entiende, y que necesita escucharlo a menudo.”

El artículo cuenta que el señor ha pasado recientemente por una importante operación y que aun así su primer impulso es ir a la tienda a estar con los gramófonos, a escuchar discos y contar su historia a cada visitante que acude al lugar.

Una particularidad de estos impulsos es que no son momentáneos. Son impulsos molestos a los que es imperioso responder. No duran un segundo, son impulsos que guardan procesos.
No es fácil dejarse llevar por ellos porque uno sabe que cuando les presta atención adquiere un compromiso. El desarrollo de una idea. Ese compromiso necesitará de un trabajo arduo.

Ahí está el arte de las cosas. El verdadero arte, es transformar el impulso en idea, en proyecto, en vida.

Ahora paso a escuchar un programa de la BBC acerca del impacto de la inteligencia artificial en la música: “Artificial intelligence on music”

Desde hace un tiempo nos vienen bombardeando con la noticia que la Inteligencia Artificial ahora es capaz de producir música (AIM – Artificial Intelligence Music). Lo que supone un avance significativo en el desarrollo de la Inteligencia Artificial y nuestra conexión con las nuevas tecnologías.

Sin embargo no es algo que deba sorprendernos; la Inteligencia Artificial ya forma parte de diagnósticos médicos, redacción de noticias, comercio de acciones y control de otros sistemas.

Como todo nuevo gran cambio, la tecnología tiene ese poder de desconcertarnos en un primer momento, de ponernos apocalípticos.

¿Será la Inteligencia Artificial la música del futuro? se preguntan un sinfín de post que circulan en Internet.

Hasta el momento aunque la Inteligencia Artificial tiene la habilidad de realizar nuevas y muy elaboradas partituras; todos sus conocimientos están basados en el acceso y procesamiento de millones de partituras y sonidos producidos por seres humanos.

La IA está colaborando con muchos artistas pero por sí sola no está desarrollando la experiencia de la música. Artistas como David Harrington de Kronos Quartet, Robert Laidlow están utilizando una nueva forma de composición y presentación en donde utilizan IA. Los sonidos resultantes son por lo menos interesantes de escuchar y lo recomiendo.

Aquí una partitura realizada con AIVA, un software que promete:

Si usted es un desarrollador independiente o un compositor profesional experimentado, AIVA lo asiste en su proceso creativo. Cree temas atractivos para sus proyectos más rápido que nunca, aprovechando el poder de la música generada por AI.

Sin embargo ante el miedo de que la IA nos quite la posibilidad de que nosotros como humanos sigamos siendo los músicos del futuro, automáticamente pienso en la frase de Pedro Roth: “Si es evitable no lo hagas, sólo hazlo si no es evitable. Sino es polución”

Este post comenzó hablando del impulso. De ese impulso que nos hace hacer cosas, que nos hace producir ideas, que nos lleva a comenzar proyectos a concretar obras.

Por eso me es extraño que ante este cambio tecnológico que ya está entrando en nuestras vidas, el foco del análisis esté en la innovación tecnológica y no en la evolución creativa. En lo que nos hace ser creativos.

Ante una polución constante de información en todos los sentidos ¿Cómo afectará la IAM a esa polución que plantea Pedro Roth? ¿La IAM será capaz de entender este punto? ¿Será capaz de dejar de producir lo que no es necesario producir, lo que no forma parte de un impulso innato y necesario?

I’m a repairman se titula este post, es como se define el último reparador de gramófonos de Estambul. El último reparador de una tecnología que revolucionó la forma de escucha, la música y la cultura en general.

Es probable que la IA desarrolle mejores algoritmos para contar historias, pero quienes producimos las historias seguiremos siendo humanos, continuistas de nuestras propias historias, de nuestros impulsos.

Si no hablamos de esto en voz alta estaremos negando un punto fundamental en la educación acerca del arte dentro de la cultura en las sociedades.
Estaremos entendiendo nuestras producciones como un mero sistema que surge de las necesidades tecnológicas que nos conectan de forma inmediata, y no como un impulso social en una época determinada.

Nunca perdamos de foco que en realidad lo que diferencia al ser humano de otras especies es su impulso por contar historias.

*Foto de portada: Cabinet of Dr Caligari – 1920

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