El naranja de las mañanas

30 de Mayo de 2019 – Provincia de Buenos Aires, Argentina

Las mañanas se tornaron frías. La escarcha en el pasto delata la helada de la madrugada. Todo se ve como hojas de salvia esparcidas por el suelo.

Levantarse dentro de una carpa siempre es algo particular, una especie de huevo de yema amarilla y húmeda. El clima que se genera dentro es completamente diferente al externo.

Por la mañana nos sentamos a tomar mate con yuyos bajo el solcito que cobija tanto a humanos como a los pájaros que vienen a escarbar la tierra mojada.

En otoño todo aquí se torna anaranjado, los pechos de los pájaros, las hojas, los hongos que salen por todas partes. Todo se tiñe de naranja.

Me levanto relativamente temprano para el común de un pueblo con frío. A las 8:00 en punto mis ojos se abren de par en par. Desde hace unas semanas comencé el ejercicio de escribir “Las páginas de las mañanas”; un ejercicio que muchos de quienes lean estas líneas y hayan pasado por algunos de mis talleres recordarán (un ejercicio que recomienda la escritora Julia Cameron).

Sentarse a escribir 3 hojas ni bien uno se despierta, sin ninguna promesa de escritura creativa, sentarse a escribir para calmar la mente, las ansias, las posibles preocupaciones e injertos provenientes del sueño.

Tres páginas que no se leen, tres páginas que no tienen que ser nada especial pero que como una ducha de agua fría limpian ciertos pensamientos.

Este tipo de ejercicios me ayudan a editar mejor, me ayudan a poder escribir estas líneas con mayor fluidez, a organizar mi día. Principalmente cuando mis días no son una rutina, cuando cada día difiere del anterior y del lugar en el que me encuentro.

Es interesante observar cómo los sonidos de nuestro alrededor se acoplan al clima, nos hablan del día que comienza y de cómo comienza el día. De cómo todo a nuestro alrededor va despertando.

Miro la temperatura en la aplicación instalada en el teléfono: 8°c. Se anuncian lluvias por la noche. Miro el cielo nublado mientras un pájaro gordo se posa en una pequeña rama.
No hay aplicaciones que anuncien cómo irán evolucionando los sonidos durante el día; sin embargo esa percepción es una de las que más influye en nuestra vida cotidiana.

Si escuchamos atentamente los sonidos que habitualmente nos rodean podemos predecir cómo se desarrollará nuestro día, que tan contaminado sonoramente se encuentra. Cuáles serán nuestros momentos de mayor silencio, cuáles los momentos que sobrepasen nuestro umbral de escucha saludable. Este tipo de información nos ayudaría a poder predecir dolores de cabeza, malestar general, días más productivos o menos productivos.

Es posible que con el mayor uso de auriculares binaurales en celulares este tipo de aplicaciones sean desarrolladas con mayor facilidad.

Dentro de poco tiempo la mayoría de las personas podrán grabar el paisaje sonoro en el que se encuentran, esto podría permitirnos tener una mayor noción de los sonidos que nos rodean en el día a día; y estar más atentos a cómo nuestro cuerpo responde a dichas percepciones.

Quizás se desarrolle una inteligencia artificial que nos incentive a mirar a nuestro alrededor. A escuchar nuestro entorno con más delicadeza y atención.

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