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Cuando el sonido se transforma en una experiencia

Lo externo y lo interno

Al parecer nos cuesta menos referirnos al sonido como algo externo “que escuchamos” que como algo interno que se produce.

Cuando hablamos de sonido hablamos de un fenómeno físico que “se produce” en un determinado espacio; sin embargo como escribe la artista Isobel Anderson en su artículo “Voice, Narrative, Place: Listening to Stories”

El sonido es una presencia invisible en diálogo constante con nuestra mente.

 

Mientras escribo estas palabras estoy escuchando Dolmen Music de Meredith Monk. El sonido repleto de diferentes voces describe a la perfección la sensación de esa voz interna, ese diálogo invisible con el que convivimos constantemente.

Viene a mi recuerdo un poema de William Wordsworth que leí hace algunos años en un suplemento de un diario. Lo busco en la era digital y me zambullo en él. El poema se titula “Amonestación y respuesta”:

¿Por qué sobre esa vieja piedra,
durante toda la jornada,
William, así solo te sientas
y entre sueños el tiempo pasas?

¿Dónde están tus libros? ¡La luz
a este ciego mundo legada!
¡Arriba! Aspira la salud
que en ellos los muertos exhalan.

Miras la tierra como un hijo
que a su madre pidiese cuentas
o como el primer hombre vivo
que conociese la existencia”.

Así, del Esthwaite a la orilla,
la vida dulce y sin porqué,
el buen Matthew me habló un día
y así le quise responder:

‘El ojo sólo mirar puede
y el oído nunca está en paz;
siquiera que va, el cuerpo siente
contra o con nuestra voluntad.

Así, creo que existen fuerzas
que al pensamiento dan traza,
que nutrimos nuestras ideas
con una pasividad sabia.

¿Crees, en el mundo infinito
de estos seres que hablan sin verbo,
que nada vendrá por sí mismo
y que siempre buscar debemos?

Pues no preguntes por qué a solas,
según me plazca conversando,
me siento en esta vieja roca
y entre sueños el tiempo paso’.

El ojo sólo mirar puede y el oído nunca descansa… Así, creo que existen fuerzas que al pensamiento dan traza, que nutrimos nuestras ideas con una pasividad sabia”.

Me quedo pensando en este fragmento del poema. No podemos separar nuestro cuerpo de la mente que lo domina y viceversa no podemos separar la mente del cuerpo que la contiene.

El diálogo y el movimiento

Cuando escribo suelo levantarme y caminar unos pasos e inmediatamente sentarme para escribir la siguiente frase, cuando compongo hago lo mismo. Es una reacción instintiva, necesito moverme para que mi mente se active y esa voz interior aparezca y los pensamientos fluyan.

Por momentos queremos que ese diálogo interno se detenga por completo. Anhelamos el silencio nunca conocido; pero a su vez sabemos que de ese diálogo interno se desprenden las ideas.

Ese diálogo interno lleva su propio ritmo, se detiene y vuelve a comenzar, traza caminos inesperados, divaga, regresa al punto de partida como las voces del disco de Meredith Monk.

La mayoría de nosotros tiene una pelea constante con ese diálogo interno, con esa voz. No nos llevamos bien con su ritmo y su tono; principalmente hoy que podemos encontrarnos sumergidos en el diálogo interno de otras personas. Queremos que nuestro diálogo interno tome una forma determinada, somos capaces de juzgar y comparar nuestro diálogo interno con el que nos muestran por la redes sociales.

Es difícil encontrarse con alguien que no esté en constante conflicto, en desacuerdo entre el ritmo y la forma; pero ¿Qué pasaría si sólo lo dejamos fluir?

Fluir

Ese fluir se encuentra comúnmente asociado a la meditación, al movimiento del pensamiento o de la mente y a su vez la meditación suele asociarse con la quietud.

Después de muchos años de meditar, encontré que el sentido de la meditación no tiene porque estar entrelazado con la quietud. Existen un montón de prácticas, en las que interviene la meditación, en donde se exige el movimiento del cuerpo.

Para el músico y pedagogo Jaques-Dalcroze el cuerpo es el intermediario entre el sonido y nuestra mente convirtiéndose en las herramientas que canaliza los sentimientos.

Siguiendo con la idea de la voz interior podríamos pensar que nuestro cuerpo es el encargado de dar forma y exteriorizar los sonidos más importantes de nuestra vida: el sonido de la respiración, el del corazón, el de nuestra voz y el de nuestro diálogo interno. De él depende que todos nuestros sonidos se fusionen, tengan un sentido físico, corpóreo.

Aunque nuestro diálogo interior no se materialice, lo que genera ese diálogo es lo que finalmente se exterioriza por intermedio de nuestro cuerpo.

Es por esto que no podemos desligar nuestra voz interior de nuestro cuerpo. Es por esto necesario analizar cómo ese diálogo interno se manifiesta en nosotros, qué reacciones físicas produce.

Un espejo

La relación entre nuestro cuerpo físico y nuestro diálogo interno es sumamente intensa. Dependiendo de la forma, el ritmo y la sensaciones que nos produce nuestro diálogo interno, nuestro cuerpo reaccionará haciendo determinados movimientos (realizaremos gestos, moveremos la cabeza, las manos, los ojos, suspiraremos, nuestro ritmo cardíaco se acelerará o disminuirá, etc.) Esta conexión deja algo en claro; nuestro cuerpo no puede ser indiferente al sonido aunque ese sonido no exista de forma física.

Nuestro cuerpo no sólo responde a los sonidos que se dan en un medio determinado.
Nuestro cuerpo responde a nuestra experiencia emocional con el sonido.

Pero si esto es así ¿Cómo nuestra mente puede llegar a distinguir un sonido que se produce de forma física de uno que se produce en nuestra mente?  ¿Cómo influyen los sonido externos en la creación interna de sonidos -el diálogo interior-?

Cuando hablamos de sonidos externos, de la fisicalidad del sonido, solemos decir que un sonido se siente con todos nuestros sentidos. En este caso es un fenómeno externo que es registrado y percibido por nuestros sentidos, una conexión instantánea de información que realiza nuestro cerebro.

Pero en el caso de los sonidos que crea nuestra mente ¿Recurriremos a una recuerdo sonoro o es una construcción idealizada de nosotros mismos?

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Foto de portada por Daniel Iván. Daniel Iván es fotógrafo y artista multifacético. Compañero de la vida, quien desde 2007 no ha parado de sacarme fotos con su cámara.
https://danielivan.com/

 

 

 

Dolmen Music Meredith MonkDomen Music es uno de los álbumes más importantes de la artista Meredith Monk grabado en 1981.

 

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